Existe
en la gente el concepto erróneo que la Homeopatía
no es para los casos agudos y que además es “lenta”.
Relataré a continuación uno de los tantos
casos que nos llegan con frecuencia a los homeópatas.
El 29 de abril de 1998 traen a mi consulta, con carácter
de urgencia, un niño de 7 años que desde
hacía 15 días estaba con un cuadro febril
que no remitía con antibióticos. La mamá poco
menos que desesperada me relató que Tomasito
había sido visto por varios médicos,
el último de los cuales le solicitó una
radiografía de tórax diagnosticándole
neumopatía basal izquierda e indicó un
antibiótico de última generación,
de los que se toman una vez por día.
No obstante ello el niño no mejoraba, seguía
con temperatura, falta de apetito, decaimiento, por
lo cual decidió cambiar de terapeútica.
Luego del estudio del paciente, le indiqué un
medicamento homeopático. . Al día siguiente
la mamá me llamó informándome
que tal cual le había adelantado, la fiebre
subió por arriba de las cifras que presentaba
hasta el momento de la consulta. La tranquilicé y
como esperaba la fiebre desapareció a las 72
hs de comenzar a tomar la medicación por mí indicada.
Una placa de control confirmó la curación
con la desaparición del bloque neumónico.
Por lo general, en los casos agudos, debemos de echar
mano de un medicamento que con frecuencia no es el
medicamento de fondo que toma habitualmente el paciente
para resolver su problema crónico.
De esta forma cumplimos con lo indicado por el genio
de Hahnemann: “ la perfectibilidad del arte,
consiste en restablecer la salud de una manera pronta,
suave y duradera, separando y destruyendo totalmente
la enfermedad, del modo menos perjudicial, y por el
camino más corto y seguro”...