La
constipación o estreñimiento es un padecimiento
muy frecuente, que afecta aproximadamente al 20 % de
la población con una incidencia mucho mayor en
mujeres que en hombres. Es un motivo relativamente frecuente
de consulta.
Puede ser primario o secundario a otra enfermedad.
La causa más frecuente de estreñimiento
primario es una alteración de la función
anorrectal.
Normalmente, la defecación conlleva una compresión
abdominal asociada a una relajación anal que
permite la evacuación del bolo fecal. Muchos
pacientes con estreñimiento al intentar evacuar,
realizan una relajación anal defectuosa, o incluso
una contracción paradójica, que dificulta
e impide la evacuación.
La alteración del tránsito colónico
es una causa mucho menos frecuente de estreñimiento;
los casos con un intenso enlentecimiento se clasifican
como inercia colónica. Una considerable proporción
de pacientes que consultan por constipación,
siguen en realidad una dieta inapropiada y tienen un
descuido del hábito deposicional, incluso con
supresión voluntaria de la defecación.
Por último, algunos pacientes convencidos de
padecer estreñimiento intenso, presentan realmente
un ritmo deposicional normal sin dificultad expulsiva,
pero con una percepción distorsionada de la
realidad.
Todos estos cuadros no son más que la alarma
o la advertencia que nos hace el organismo para indicarnos
que estos síntomas son el resultado de un proceso
interno que comenzó mucho antes con el desequilibrio
de la fuerza vital.
A continuación ilustraré con un caso
cómo los homeópatas nos manejamos ante
este cuadro tan común en la consulta diaria.
Se trataba de un paciente del sexo masculino, de 61
años que consultó hace más de
2 años por estreñimiento, relatando espontáneamente
durante la consulta que se encontraba muy irritable,
tanto que él mismo se desconocía.
Traía consigo una carpeta con innumerables
estudios complementarios que descartaban patología
orgánica alguna, por lo que los médicos
tratantes sólo intentaron corregir su problema
con dietas adecuadas ricas en fibras y con laxantes.
El hecho es que a pesar de todo ello la evolución
no era favorable por lo que decidió recurrir
a la homeopatía.
De la minuciosa historia clínica se constataba
que era un hombre violento, que podía incluso
llegar a la agresión física, que se autocalificaba
como "leche hervida", rencoroso, muy ordenado,
con temor a las enfermedades, reservado, caluroso,
con deseos de grasas y con un sueño no reparador.
Por todo ello y por su mirada con el ceño fruncido
le indiqué Nux Vómica 6 10 glóbulos
por día. Al mes se presentó a la consulta
relatándome que luego de 4 días en los
cuales los síntomas se habían acentuado
comenzó a evacuar normalmente, notando además
la reaparición de viejos síntomas que
se fueron luego de unos días, al mismo tiempo
que se veía como "otra persona más
tranquila, apacible y que por ello se desconocía".
Demás está decir que continuó con
la misma medicación con una evolución
favorable hasta su curación al cabo de 1 año
de tratamiento.
Es de hacer notar que se le mantuvo una dieta rica
en fibras, se le indicó además la ingesta
de 1 ó 2 litros de líquidos por día
y actividad física caminatas diarias para complementar
el efecto medicamentoso.