Por el Dr. Carlos A. Distilo
Director Unitas Homeophatica
Tan habituados estamos a
las consultas breves, con preguntas dirigidas a
la dolencia de tal
o cual órgano,
de tal o cual sistema, que nos sorprendemos cuando
nos encontramos frente a un médico homeópata.
Existe un viejo aforismo en homeopatía que
dice: “La historia clínica en Homeopatía
recién comienza cuando la historia clínica
en Alopatía ya ha concluido”. Esto se
debe a que esta terapéutica se basa en principios
y leyes naturales sólidamente demostrados
por la experimentación a lo largo de dos
siglos.
Filosóficamente, el hombre es considerado
como un ser único e indivisible, donde el
cuerpo, su psiquis y su alma constituyen un conjunto
inseparable. Por tal motivo, cualquier elemento perturbador
de esa unidad repercutirá en el todo.
Para aclarar estos conceptos veamos un ejemplo
concreto.
Una persona consulta por padecer acidez y dolor
en el estómago. El médico alópata
luego del examen del paciente y de los exámenes
complementarios de laboratorio diagnostica una úlcera
de duodeno; lo medica, le indica una dieta y ahí se
terminó su consulta.
El médico homeópata por lo que señalamos
anteriormente, no sólo realiza el examen físico
y los exámenes de laboratorio necesarios para
el diagnóstico nosológico (de la enfermedad)
sino que además realiza un minucioso interrogatorio
para conocer al individuo en el cual esa úlcera
se ha instalado.
Para ello, indaga la relación de esa persona
con el clima, sus deseos alimenticios y aversiones;
cómo es su sueño la posición
en la que duerme, su comportamiento durante el sueño,
cómo se despierta y cuál es su
humor al hacerlo, etc.
Interroga acerca de su estado psíquico, su
carácter, temores, ansiedades, celos, impresionabilidad
frente a distintos hechos de la vida actual, o de
su pasado que puedan influir en su presente, etc.
Es decir, considera al hombre en permanente interrelación
con el medio, con su entorno social, con el país
en el cual vive, con el cosmos.
Es precisamente todo el interrogatorio que lleva
a este estudio lo que sorprende al paciente.
Recién
entonces podrá comprender que su úlcera
es la resultante o epifenómeno de un desequilibrio
interno que lo llevó a ese estado y de que
nada vale que calmemos sus síntomas sino corregimos
el problema de fondo que lo llevará a la curación
total.
Basado en lo expuesto podemos entonces aconsejar
a aquellos que se dispongan a tratarse con Homeopatía
como así recordarles a los que ya están
en tratamiento que:
1.
Es fundamental
confiar plenamente en la autoridad moral y
científica del profesional que consulta,
para establecer un buen vínculo.
2.
Considerar que todo
lo que padecen por más absurdo que
parezca tiene valor. La Homeopatía
está plagada de sensaciones y síntomas
rarísimos que son de gran importancia
para la curación, pues reflejan una
manera de reaccionar de esa persona frente
a la enfermedad. Ese es el lenguaje que ese
individuo elige para decirnos que está enfermo.
Por eso hay que evitar echar mano intempestiva
e impulsivamente a todo tipo de calmantes,
antipiréticos (antifebriles), pomadas
o cremas con corticoides, etc. que no sólo
abundan sino que lamentablemente en forma
tan desaprensiva son vendidos por personal
no idóneo, en cualquier farmacia,
ante el menor requerimiento de una persona.
Ese tipo de sustancias, en manos inexpertas
sólo contribuye a enmascarar el cuadro,
cuando no, a traer reacciones desagradables
que incluso, ponen en peligro la vida del
paciente.
Si su hijo tiene fiebre, está decaído,
tiene un comportamiento no habitual, tiene
dolor en determinada zona o no, llame a su
médico homeópata antes de darle
algo o tomar alguna conducta por cuenta propia.
3.
Es necesario ser buen
observador de uno mismo y de sus seres queridos
con los cuales convive, para ayudarse y ayudar
al homeópata. No olvide que es de gran
importancia saber cuánta temperatura
tiene, si el dolor se localiza en tal o cual
lado o zona, si es posible, a qué se
asemeja (si es ardiente, como un clavo, como
una presión, etc.); a qué región
se extiende o no, que otros síntomas
lo acompañan (ej. erupciones ); a qué hora
del día está peor, cuáles
son las cosas que lo mejoran o empeoran (posición,
baño frío o caliente, habitación
cerrada o aire libre, etc).
4.
No dude en comunicarse
con su médico ante la menor dificultad,
no piense que lo molestará.
5.
No se autocensure, cuéntele
o pregúntele lo que usted desee. Por
ser un buen escrutador del alma humana, lo
podrá ayudar.
6.
De ser necesario su médico
homeópata lo visitará en su domicilio.
Es un mito inadmisible aquel que dice que los
homeópatas no van a domicilio. En todo
caso, el no hacerlo, corre por cuenta de la ética
y responsabilidad del profesional interviniente.
7.
Esté seguro de
que si no mejora con el tratamiento homeopático
y se trata de una enfermedad curable, no es
la homeopatía la que no sirve, sino
simplemente que el homeópata no ha logrado
encontrar el medicamento adecuado. Tal vez,
deba cambiar de profesional - y esto sin desmedro
de aquel - ya que no siempre resulta fácil
lograr lo que el médico desea.
Sin duda, si es un verdadero homeópata ante quien usted está, sabrá comprenderlo.
Por lo general los médicos que utilizan este sistema terapéutico
deben poseer una sólida formación humanística si quieren
alcanzar el tan deseado éxito. Y si realmente la posee, será lo
suficientemente humilde como para no caer en el peligro de la omnipotencia.
Para terminar recordaré el concepto que Voltaire tenía de su médico
de cabecera: “Sus razonamientos brindaban seguridad y confianza a mi espíritu,
método tan necesario en la relación de un médico con su
paciente, ya que la esperanza de curar es ya la mitad de la curación”.