Por el Dr. Carlos A. Distilo
Director Unitas Homeophatica
Con respecto a la Enfermedad dejando de lado las
malformaciones y estigmatizaciones congénitas,
los fenómenos traumáticos mecánicos,
o las intoxicaciones brutales, nos quedan dos factores
a considerar: el Individuo y el Ambiente que desarrolla
su existencia.
Es indudable que el ser humano no se halla aislado
en el universo y lejos de ello está interrelacionado
con él. Es decir, que, como lo sostiene
la filosofía Taoísta, se trataría
de un Microcosmos inserto en un Macrocosmos. El
fluir de la energía desde el hombre y hacia él
se cumple en forma permanente.
Por otra parte, a medida que la civilización
fue modificando el hábitat natural del individuo,
esa relación se ha ido complicando y en
gran parte de los casos ha influenciado e influencia
desfavorablemente sobre el mismo. Entonces la ENFERMEDAD
no es más que un esfuerzo INADECUADO de
adaptación a los fines de la supervivencia.
De
la simple tensión se pasa al desequilibrio
funcional, al trastorno orgánico, y por último
a la lesión tisural, que es la objetivación
concreta y final de una serie de fenómenos
previos, dinámicos e inmateriales, que
por lo general pasan inadvertidos a quienes hemos
sido
formados en una escuela materialista, organicista
y pragmática.
El Homeópata NO puede
separar arbitrariamente lo Espiritual de lo Orgánico
en el Hombre, pues cree en su UNIDAD VITAL indisoluble.
Nadie puede enfermarse del cuerpo sin enfermarse
de la mente y viceversa.
Nos enfermamos con todo
nuestro ser.
Hahnemann en el parágrafo
9 del Organón
del Arte de Curar dice: “en el estado de
salud, la energía vital, (soberana) inmaterial-dynamis
que anima la parte material del cuerpo humano (organismo),
reina de manera absoluta. Entre todas las partes
del organismo viviente ella mantiene en sus actividades
funcionales y reaccionales una armonía que
fuerza la admiración”. El espíritu
dotado de razón que habita en este organismo
puede así libremente servirse de este instrumento
viviente y sano, para alcanzar el fin elevado de
su existencia.
SALUD: es un estado de armonía
de la mente y de equilibrio fisiológico
de los órganos,
en el cual el espíritu puede servirse
libremente del cuerpo para los elevados fines
de su existencia.
En el orden natural es la evolución
psicológica
que al decir del Dr. Paschero, conduce al ser humano
del autismo y egocentrismo infantil al altruismo
del adulto.
Para Hahnemann, que era profundamente
vitalista, sin fuerza vital, el organismo material
es incapaz
de sentir, de obrar y de mantener su propia conservación,
quedando librado al poder del mundo físico
exterior y descomponiéndose en sus elementos
químicos. Considerado desde el punto de
vista físico, químico y mecánico,
el organismo es una concentración de energía,
pero gracias al "alma", es también
un transformador de la energía solar, de
la que recibe de los alimentos y de la que incorpora
con la respiración. Es decir, que el alma
no crea ni pierde la energía, sino que la
transforma. Bajo su influjo, la energía
cósmica, es dirigida, conserva y expande
la vida.
Entonces resumiendo:
1. La Fuerza Vital es una energía de orden
material, pero NO CORPOREO. Por esa condición
energética o dinámica es capaz
de "mover" el
cuerpo material en sus reacciones físico-químico-biológicas.
2.
La Fuerza Vital y, por lo tanto, la Vida, emanan
del alma hacia el organismo, del centro
a la perifería,
de la profundidad a la superficie, de lo espiritual
a lo orgánico, en sentido centrífugo,
manteniendo el equilibrio inestable que se llama
salud.
3. Siendo la Fuerza Vital una energía,
se entiende que sólo pueda ser perturbada
por otras energías de naturaleza semejante,
que actúen en su mismo plano de acción.
Estas
energías pueden ser:
FISICAS: calor, frío,
radiaciones, etc.
QUIMICAS: tóxicos,
medicamentos, alimentos, etc.
BIOLOGICAS: contagios
microbianos, parásitos, virus, etc.
PSIQUICAS: penas, frustraciones,
represiones, choques morales o emotivos, conflictos,
sustos, etc.
Cualquier agente hostil a la vida perturbará entonces
a la Fuerza Vital.
Las noxas actúan desde
el exterior del organismo, de afuera hacia adentro:
si son físicas,
biológicas, etc. obran sobre el plano
superficial y de allí hacia el centro.
Si son químicas
(medicamentos, tóxicos, alimenticias),
ejercen su acción sobre el plano orgánico-vegetativo
y de allí hacia el centro.
Si son psíquicas
influyen directamente sobre el psiquismo, es
decir sobre el centro mismo.
La enfermedad es
un proceso reactivo por el cual el organismo
se defiende, no ya de la noxa o causa
excitante, sino de la perturbación que ésta
ha producido en él, en su propia Fuerza
Vital. En el fondo, la enfermedad no es otra
cosa que el intento que hace el organismo por
curarse.
El medicamento homeopático produce
una "enfermedad
artificial" más fuerte que la natural
que obliga a una reacción curativa más
intensa.
Está en el consenso médico
general que el desorden fisiopatológico
y biológico
que se expresa mediante síntomas, constituye
el cuadro conocido como ENFERMEDAD. Desde tiempos
remotos ha existido la tendencia a considerar
la enfermedad con un "Genio Maléfico" o
como un "Incubo" que se introduce en
el cuerpo extendiéndose por él.
Esta
concepción materialista pretende,
precisamente, que la enfermedad es un trastorno
material provocado por causas materiales; y es
por ello que procura curar eliminando las causas
aparentes o suprimiendo productos de la enfermedad
o RESULTADOS ULTIMOS.
Para la Homeopatía,
la enfermedad es un proceso dinámico que
tiene su origen en la perturbación de
la Fuerza Vital y que se manifiesta primitivamente
por síntomas
psíquicos, y luego afecta el estado general.
La
enfermedad no es un hecho primario, es un resultado.
Este resultado sólo se hace patente después
de muchos meses y en ocasiones después de
años, durante los cuales el enfermo sufre
de malestares vagos e imprecisos, trastornos caprichosos
e indeterminados. En realidad, estos fenómenos
pertenecen ya a la clínica, y manifiestan
la "disritmia" del individuo, "el
estado de malestar" que ataca al sujeto en
cuanto se halla afectado por una enfermedad.
Estos
TRASTORNOS SENSORIALES, esta verdadera DISRITMIA
VITAL, comprende al conjunto de fenómenos
psíquicos y sensoriales que aparecen en
el individuo en cuanto enferma. La persona pierde
su "ritmo" habitual y sale de su "orden".
Sufre "malestar" de manifestaciones
diferentes según cada individuo, pues
el "malestar" es
función exclusiva de las reacciones particulares
propias del sujeto afectado.
Estas manifestaciones "individuales" no
pueden definirse en tanto se persista en hacer
caso omiso de la "función humana",
del "tipo" y de sus elementos constitucionales,
y no podrán utilizarse si se ignoran sus "correspondencias
terapéuticas", cuyas características,
modalidades y signos valorados se encuentran
en la Materia Médica Homeopática.
Si
no se considera esto, el médico se contenta
con presenciar impotente el desarrollo de los "TRASTORNOS
SENSORIALES", de los que no puede precisar
el mecanismo que los produce, la naturaleza que
los anima, ni el indudable valor clínico
que llevan en sí.
Las manifestaciones son
numerosas y variadas. No olvidemos que las variaciones
del psiquismo
individual y de la sensibilidad personal son
muchas.
Para los homeópatas, estas impresiones
y sensaciones no son únicamente manifestaciones
hipocondríacas o psicológicas que
demandan solamente la intervención, por
otra parte pasiva, del psicoanalista o terapeuta.
Son signos de capital importancia que nos permiten
determinar el remedio que devolverá su ritmo
al enfermo, que lo llevará a su orden evitando
toda evolución morbosa.
Si el paciente no es tratado en esta etapa, comenzará con
los TRASTORNOS FUNCIONALES. Estos traducen el desarreglo
de muchos órganos, estómago, intestino,
corazón, hígado, riñones,
sistema nervioso central, periférico, autónomo,
etc.; pero estos trastornos aún NO van acompañados
de una lesión.
El órgano está trastornado en su
funcionamiento, más no alterado. Ni los
exámenes más detenidos, directos
o indirectos, permiten hacer un diagnóstico
exacto de la enfermedad. La medicina contemporánea
conoce bien estos estados, puesto que describe,
al lado del cuadro nosológico de las enfermedades
habituales, síndromes (conjunto de signos
y síntomas que presenta una persona), cada
día más numerosos, que le permiten
hacer una determinación relativa de los
fenómenos ante los cuales se halla desarmada.
En cambio los Trastornos sensoriales y funcionales
son para nosotros, los homeópatas, la más
significativa expresión de lo que afecta
al paciente, cuya correspondencia, hallada en la
Materia Médica, permite determinar el remedio
necesario, el que sana.
Vemos desfilar diariamente en nuestros consultorios
personas que durante largo tiempo continúan
con trastornos del ánimo y con sensaciones
raras. En¿ más de una ocasión,
quienes le rodean se quejan de "cómo
le ha cambiado el carácter", en otras,
el interesado es el que se pregunta qué será lo
que tengo?. Y aparecen entonces signos francos
que manifiestan el desarreglo progresivo del organismo
del paciente: dolores de cabeza intermitentes o
periódicos, perturbaciones dispépticas,
dolores gástricos, náuseas con vómitos
o sin ellos, alteraciones intestinales, cólicos,
estreñimiento alternando con diarrea, trastornos
menstruales, hemorragias, leucorreas, dolores persistentes
en distintas regiones, etc.
De esta forma no son pocos los que comienzan un
largo peregrinar por los laboratorios e institutos
radiológicos, en búsqueda de algo
material determinante de lo que padecen.
De ninguna manera pretendo desprestigiar los exámenes
complementarios, que tan imprescindibles son para
llegar a un buen diagnóstico clínico.
Pero sí lo que deseo es resaltar, cómo
con mucha frecuencia se hace uso indebido o un
abuso de los adelantos técnicos, sumergiendo
al paciente en la desesperación y en la
ansiedad por saber qué es lo que tiene.
En el tercer y último estadio aparecen
los trastornos particularmente graves que evidencian
la alteración progresiva de los tejidos
orgánicos: ulceración gástrica
o intestinal, insuficiencia ventricular, enfermedades
sanguíneas, cirrosis, esclerosis arterial,
etc. La lesión domina el cuadro, los signos
sensoriales se esfuman, se limitan los trastornos
funcionales. Aparecen en primer término
solamente los "TRASTORNOS LESIONALES",
manifestaciones objetivas de la deficiencia cada
vez más profunda del órgano afectado.
Estos trastornos son bien conocidos, pues reunidos
forman los signos clínicos de las enfermedades
que tratamos habitualmente. En ellos, al igual
que en los otros, está indicado el tratamiento
homeopático. Es decir, en esta etapa, la
enfermedad se ha instalado y su diagnóstico
es más fácil. El enfermo se ha transformado
en un "caso" (a la usanza de la Escuela
Oficial).
Resumiendo, en todo proceso morboso que llamamos
enfermedad tendremos:
1.
Trastornos Sensoriales: expresión significativa de la modificación
del temperamento del individuo. La función
del individuo está trastornada. Aparecen
reacciones "individuales" relacionadas
con el temperamento del sujeto cuyo sensorio
(psiquismo y sensibilidad) se ha modificado.
Estas reacciones pueden "preverse" si
se determina de antemano el tipo de individuo.
2.
Trastornos Funcionales: expresión significativa de la modificación
de la función órgano. La función
del órgano se perturba. Se presentan
reacciones "diferentes " según
el órgano causal y conforme al individuo
observado.
3.
Trastornos Lesionales: expresión significativa del ataque anatómico
al órgano. El órgano se encuentra
alterado y lesionado. Cada vez más importantes,
aparecen los signos clínicos debido
a la transformación anatómica
del órgano, el sensorio está inhibido
y se atenúan las reacciones funcionales.
Vemos que toda enfermedad es un resultado. Toda
enfermedad es precedida por una serie de estados
morbosos que sólo pueden ser definidos por
las reacciones individuales, particulares, propias
del enfermo. Son ellas las que "significan" desde
el principio la "disritmia" del individuo,
las que constituyen el estado de "malestar",
son las que más tarde, caracterizan el "grito
del sufrimiento" del órgano que va
a ser lesionado, el llamado de aflicción
del organismo que se ve invadido por la enfermedad
cuya verdadera naturaleza no se sospecha aún.
En esta etapa, el enfermo es más importante
que la enfermedad.
Tales advertencias se repetirán sin cesar
y con más vigor hasta el momento en que
la lesión definitiva se establece, conclusión
fatal de la evolución de la enfermedad en
el tiempo; después que la enfermedad se
ha establecido - designada por un nombre, etiquetada-
estos trastornos ceden poco a poco, dejando el
lugar a las perturbaciones inherentes a toda lesión
evolutiva.
Ahora, la enfermedad domina al enfermo, cuyas
reacciones personales paulatinamente se apagan.
El individuo "no reacciona más", "sufre" y,
si el estado se prolonga, "muere".
No hay que aguardar hasta el último estadio
para actuar, no deben descuidarse los avisos precoces
y repetidos en los que se manifiesta la defensa
del individuo.
Es menester tomarlos en cuenta, interpretarlos,
utilizarlos.
Todas las manifestaciones clínicas tienen
por objeto, apaciguar el mal interno, localizar
el mal en un sector orgánico, servir como
Válvulas de Seguridad para evitar males
mayores o en ocasiones la muerte.
Para la Homeopatía NO se está enfermo
porque se tiene una úlcera de duodeno, sino
que por estar enfermo se tiene la úlcera.
El síntoma es pues, la Consecuencia del
Mal, no su causa.
Un ejemplo sencillo nos aclarará sobre
la dirección de los esfuerzos que hace el
organismo para restablecer la salud perturbada:
una herida pequeña, lo suficientemente débil
como para no producir una lesión de importancia
en el organismo, cicatriza espontáneamente
y cura, es decir, que la Naturaleza pone en juego
a la Vix Medicatrix Naturae mencionada por Hipócrates
(la reacción vital espontánea del
mismo). Lo mismo si se ingieren tóxicos
en pequeñas dosis, el organismo se desembaraza
de ellos por los mecanismos naturales de eliminación:
vómitos, diarreas, exantemas (erupciones),
por el aire espirado, por la orina, etc..
Concluyendo para la Homeopatía:
1.
Enfermedad Aguda: es aquella
que tiene tendencia espontánea a la
curación en tiempo más o menos
breve de días o semanas; o mortal, también
a corto plazo.
2.
Enfermedad Crónica: es aquella que librada a su curso natural,
no tiene tendencia a curar sino que permanece
indefinidamente.